miércoles, 7 de abril de 2010

MUCHACHOS MALCRIADOS

 

Están en todas partes. En la escuela les faltan al respeto a los maestros, cuando juegan no quieren compartir sus juguetes, en la casa no obedecen a sus padres y cuando van a las tiendas forman tremendas perretas si no los complacen. No recuerdo la última vez que fui a un supermercado en el que no hubiera un muchacho berreando en un carrito y una madre amenazándolo para que se callara (y después sonriendo a los que estábamos a su alrededor para disimular su frustración).

¿Por qué hay muchachos “malcriados”? ¿Por qué no se habla tanto de los “bien criados?” La lógica indica que ambos son productos de la crianza que reciben. O de la que recibieron, porque hay que aclarar que las malacrianzas no se limitan a los niños y jóvenes.

Según la Real Academia, crianza es la acción y efecto de criar; criar es instruir, educar y dirigir; malcriar es educar mal a los hijos, condescendiendo demasiado con sus gustos y caprichos; y un malcriado es alguien falto de buena educación, descortés, incivil. Se dice por lo común de los niños consentidos y maleducados.

Si nos fuésemos a llevar exclusivamente por estas definiciones tendríamos que concluir que los niños malcriados son una consecuencia directa del exceso de atención que les prestan sus padres. Para evitar las malacrianzas, o la malcriadez, por lo tanto, los padres no deberían consentir mucho a sus hijos, ni complacerlos cuando se les antoja algo. Pero como que hay algo que no cuadra...por lo que hay que recordar que todos los conceptos y definiciones responden a paradigmas y constructos culturales que, en este caso, parecen reflejar la creencia hispana tradicional de que “los niños hablan cuando las gallinas mean”.

Hay muchas maneras de criar, y muchas maneras de “mal criar” porque hay diversos estilos de crianza. Muchos padres crean su propio estilo a base de una combinación de factores que pueden cambiar a medida que los hijos desarrollan sus propias personalidades a través de las distintas etapas de la vida. El estilo de crianza depende también de los temperamentos de padres e hijos y se fundamenta en gran medida en la influencia de los propios padres (abuelos) y la cultura.

Algunos padres hacen exactamente lo que sus padres hacían con ellos. Un padre que le paga a su hijo puede justificar su acción diciendo “a mí me daban de correazos y mira lo bien que salí”. Pero no habla del resentimiento, del dolor y del coraje que sentía cuando veía a su padre con la correa en la mano. Algunos se proponen hacer con sus hijos todo lo contrario a lo que sus padres hicieron con ellos. Otros padres buscan información en libros especializados, o consultan con otros padres, con maestros, o con profesionales de la salud mental. Pero todos estarían de acuerdo en que no existe una fórmula mágica que garantice buenos resultados.

Un estilo de crianza es un constructo psicológico que representa las estrategias que los padres y las madres utilizan con sus hijos e hijas. Los estilos de crianza han sido objeto de estudio por parte de muchos investigadores de las ciencias sociales.

Una de las teorías más conocidas es la Diana Baumrind (1967). Sus estilos se basan en dos factores importantes en la crianza de los hijos: 1) Receptividad de los padres, que se refiere al grado en que los padres responden a las necesidades de sus hijos y 2) Exigencias de los padres, que se refiere a las expectativas de los padres en cuanto al comportamiento maduro y responsable de los hijos. A base de observaciones de campo, entrevistas con padres y otros métodos de investigación, identificó cuatro dimensiones importantes de la crianza:

· Estrategias disciplinarias

· Calidez y apoyo

· Estilos de comunicación

· Expectativas de madurez y control

Según estas dimensiones, Baumrind planteó que la mayoría de los padres exhibían uno de tres estilos de crianzas diferentes. Otras investigaciones posteriores recomendaron la inclusión de un cuarto estilo (Maccoby y Martin, 1983).

Los cuatro estilos de crianza

1. Autoritario En este estilo de crianza se espera que los hijos obedezcan las reglas estrictas que establecen los padres. El no seguirlas generalmente provoca un regaño o un castigo severo. Los padres autoritarios no explican el porqué de las reglas y si se les pregunta contestan con un “porque sí, porque yo lo dije”. Estos padres son muy exigentes, pero no responden a las necesidades de sus hijos. Tienden a concentrarse en el comportamiento negativo, en vez del positivo.

· Los hijos de padres autoritarios generalmente no aprenden a pensar por sí mismos ni comprenden por qué tienen que comportarse de una forma determinada. El estilo autoritario generalmente produce niños que son obedientes y proficientes, pero menos felices, con menos competencias sociales y con una autoestima baja.

2. Autoritativo (Democrático) Al igual que los autoritarios, estos padres establecen reglas y normas que se espera que los hijos sigan. Sin embargo, este estilo es mucho más democrático. Los padres autoritativos son receptivos y están dispuestos a escuchar las preguntas de sus hijos. Sus expectativas son claras y razonables y cuando los hijos no las cumplen, estos padres son más comprensivos y perdonan en vez de castigar. Son asertivos, pero no restrictivos y premian las buenas actuaciones de sus hijos en vez de resaltar las conductas no aceptables. Los padres democráticos ayudan a sus hijos a aprender a valerse por sí mismos y a pensar en las consecuencias de su comportamiento. Un padre autoritativo permite que sus hijos tengan opciones―tiene que vestirse de cierta manera, pero puede escoger qué camisa o pantalón usar.

· Los estilos de crianza autoritativos tienden a resultar en hijos felices, capaces y exitosos (Maccoby, 1992).

3. Permisivo―Los padres permisivos, o indulgentes exigen muy poco de sus hijos. Establecen muy pocas reglas que no se hacen cumplir de manera uniforme. Casi nunca regañan o disciplinan porque tienen expectativas muy bajas en cuanto a la madurez y autocontrol de los niños. Son poco tradicionales, poco severos y evitan las confrontaciones. No quieren estar atados a una rutina y quieren que sus hijos se sientan libres. Estos padres generalmente apoyan a sus hijos en todo y son cálidos y comunicativos con ellos, por lo que muchas veces asumen un papel de amigos más que de padres.

· Un estilo de crianza permisivo muchas veces resulta en niños infelices y con poco autocontrol, con altas probabilidades de tener problemas con la autoridad y con un pobre desempeño académico.

4. Desconectado (Uninvolved)Este estilo se caracteriza porque los padres exigen muy poco a sus hijos, son poco receptivos y la comunicación familiar es casi inexistente. Aunque los padres satisfacen las necesidades básicas de los hijos, están desconectados de lo que acontece en sus vidas. Los padres tienen sus propios intereses e ignoran a sus hijos que llegan a ser una molestia o un impedimento. En casos extremos, estos padres rechazan a sus hijos o se tornan negligentes.

· Este estilo redunda en niños que carecen de autocontrol, tienen una baja autoestima y son menos competentes que sus pares.

¿Por qué hay distintos estilos de crianza?

Después de conocer el impacto de los estilos de crianza en el desarrollo infantil, cabe preguntarse por qué todos los padres no utilizan un estilo autoritativo/democrático. Después de todo, es el estilo con más probabilidades de producir individuos felices, capaces y seguros de sí mismos. ¿Por qué varían, entonces, los estilos de crianza? Algunas causas potenciales incluyen la cultura, la personalidad, el tamaño de la familia, el trasfondo familiar, el estatus socioeconómico, el nivel académico y la religión. La experiencia nos enseña que la mayoría de los padres no practica un estilo de crianza que coincida en todo con una de las clasificaciones discutidas, más bien hay rasgos de unas y otras.

Cuando en la familia hay un solo progenitor (padre o madre) puede presumirse que habrá un solo estilo, pero ¿qué pasa cuando el padre y la madre tienen ideas diferentes sobre la crianza de sus hijos? Probablemente habrá desacuerdos y peleas y los niños se aprovecharán de la situación para salirse con las suyas. Y de ahí surgen las frases familiares famosas:

“Deja que llegue tu padre.”

“Pídele permiso a tu madre.”

“A mí no me preguntes, mira a ver lo que dice tu mamá.”

“Si tu padre se entera...”

“Papi me dijo que podía ver TV hasta las 10”....

...y otras por el estilo que le dejan saber al “nene” quién es el que tiene el control y qué tiene que hacer o decir para lograr sus propósitos. De ahí la importancia de que ambos padres se pongan de acuerdo en cuanto a:

· Establecer normas y límites para los hijos Esto debe incluir horarios para TV, asignaciones, hora de ir a dormir, salidas con amistades, etc. Las reglas deben ser claras y precisas y los niños deben conocerlas con anticipación.

· Respetar las diferencias en los estilos de crianza Aunque uno de los padres tenga un estilo más estricto y el otro sea más flexible, ambas posturas son igualmente válidas. Si se respetan las ideas y los valores de la pareja, se puede lograr un “happy medium”, un punto de encuentro entre los distintos estilos que es esencial no sólo para el bienestar de los hijos, sino de toda la familia.

· Buscar la cooperación mutua Cuando ambos padres se ponen de acuerdo y reconocen que cada uno contribuye positivamente a la crianza de sus hijos hay menos problemas y conflictos en la relación de pareja.

· No discutir en presencia de los hijos Si hay desacuerdos, hablar en privado, y luego mantener un frente unido al comunicarse con los hijos.

El mejor consejo que jamás oí referente a la crianza de los hijos es que hay que ESCOGER LAS BATALLAS. Criar hijos no  es fácil, pero a veces los padres se complican más de la cuenta cuando quieren hacer valer su autoridad a toda costa. No podemos pelear con los hijos por todas y cada una de las cosas en las que no estamos de acuerdo―vamos a dejar las peleas para lo verdaderamente importante y para lo que pueda atentar contra su bienestar. Es recomendable analizar las situaciones, considerar las alternativas y prever las consecuencias de cada una de ellas y decidir si la batalla vale la pena:

· ¿Qué puede pasar si una joven de 15 años quiere salir con un amigo hasta las 2 de la mañana? ¿Vale la pena discutir con ella?

· El nene de tres años no quiere bañarse. ¿Lo castigamos o dejamos el baño para más tarde?

· Al jovencito de 12 años no quiere recortarse y jura que se ve bello con su pelo largo ¿vamos a cortarle el pelo mientras duerme?

· Al nene de 6 años que decide que no quiere vestirse, ¿debe su madre dejarle ir a la escuela en pijamas?

Hay muchos ejemplos de estas situaciones: tatuajes, piercings, música, vestimenta, iPhones, amistades y vaya usted a saber.

Lo importante es reconocer que los padres no siempre tienen la razón, que los tiempos cambian, y que no es fácil ser niño hoy en día. Pero, por sobre todas las cosas, hay que aprender las estrategias para que nuestros estilos de crianza no tengan como consecuencia más muchachos malcriados.

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